Seminario “Arteterapia, el encuentro creador”

Inicio con este escrito algunas de las traducciones del Seminario que irán apareciendo en  este Blog. Esperamos que sea de vuestro interés. Este año está compuesto por Arutaipe, Consuelo: Bota, Núria: Chrona, Elena; Férez, Rosa; Galán, Ángela; Garcia, María José; Imaz, Edurne; Liñan, Nagore; Lombardi, María Pía; Plata, Dominika; Padrosa, Anna; Pedrosa, Rosario; Quintana, Marta; Yanes, Sofía a las cuales quiero agradecer su participación y colaboración.

(1-sesión 19-10-2023, parte I)

Hoy volvemos para iniciar nuestro Seminario anual del “Arteterapia, el encuentro creador”. Un lugar para la trasmisión y el intercambio de aquello que somos como profesionales y como seres humanos.

Recordemos algunas cuestiones del Seminario de los otros años como punto de partida.

Decíamos que el quehacer arteterapéutico no se puede amaestrar. No hay técnica que se pueda aplicar en el campo de la arteterapia (otra cosa es que no exista la práctica de un método fundamentada en una teoría, una clínica y por lo tanto en una determinada concepción del ser humano). Más bien pensamos que la arteterapia es una investigación compartida sobre la naturaleza creadora del ser humano. Una investigación, por cierto, que tiene efectos en las personas que constituyen el encuentro arteterapéutico. Ahora bien, el tipo de efectos que podemos esperar, pertenecen al orden del que deriva esa misma investigación sobre dicha naturaleza creadora. ¿Qué efectos?, fundamentalmente el de sentirnos vivos, vitales y hacedores de nuestra propia existencia. También podemos confiar encontrar, por qué no, el sentimiento de que el mundo en el que vivimos nos pertenece pues lo hemos creado (parcial pero singularmente) nosotros.

Vamos a reflexionar sobre las condiciones que facilitan algo de la surgencia de esa función creadora. Acerca de las ellas, conocemos que algunas la facilitan, otras lo dificultan, pero otra vez, ni unas ni otras son universales. Lo que para cada persona a veces puede aparecer como una dificultad, en otras puede ser una facilitación y al revés. Asumir eso supone comprometernos personalmente en aquello que concebimos como Arteterapia. Lo que auspicia la función creadora en una persona, en un determinado momento, para esa misma no concurre en otro, y lo que facilita a una, puede ser un impedimento para otras. Por ello, no hay una técnica que se pueda aplicar esperando determinados.

Lo sabemos, volver a los fundamentos de lo que es esta investigación sobre la naturaleza creadora del ser humano nos sirve para tener, al menos, una base suficientemente firme a nivel conceptual para orientar y cuestionar nuestra práctica. Nos permite no quedarnos seducidos por palabras más o menos modales o por ciertas concepciones de la arteterapia que operan como ideologías.

Volver a los fundamentos tiene sentido si podemos pensar que esos conceptos que construimos, esos fundamentos, se interrogan y cuestionan mutuamente, orientando y siendo en parte afirmados o desmentidos por la práctica.

Los principios de fundamento que vamos a atender a lo largo del Seminario son la escucha, el sostén, el malentender y el poetizar.

***

Conocida es para nosotras la necesidad de sustraerse a algo de lo ya sabido a fin de poder apreciar lo que hasta entonces nos había, o bien pasado desapercibido o bien lo habíamos hecho entrar en el terreno de una cotidianidad sin resalte. Es difícil trabajar si uno no consigue ese punto de dejar en suspensión lo que cree conocer. Si no puede sorprenderse y maravillarse por lo que percibe. Esa posición atiende a fertilizar el campo del encuentro que se tiene que gestar en cada sesión.

Insisto, al sujeto creador no se le puede amaestrar. No se le puede decir ¡vamos, he montado todo ese escenario, ahora te toca a ti entrar en escena! Lo sabemos, eso no acontece de ese modo. Se trata de lo mismo con las condiciones que tenemos que habilitar en nosotras para propiciar esa interlocución con el sujeto creador. Podemos, tal vez, hablar de algunas condiciones oportunas -aunque no sean suficientes- como estar en esa apertura necesaria, en ese desconvocar lo conocido de nosotras mismas a fin de poder ofrecer una naturaleza más ajustada para que algo de ese acto creador pueda darse o percibirse.

En otro lugar volveremos a hablar de las condiciones del Marco arteterapéutico, pero hoy lo haremos pensando en algunas de las que tienen que concurrir en nosotras como arteterapeutas. 

Propongo que la primera sea sentirnos interpeladas de nuestra propia función creadora. Sabemos que si fuéramos a la sesión y aplicáramos aquello que ya conocemos, estaríamos haciendo un artilugio que poco tendría que ver con un punto fundamental de nuestro quehacer, el malentender o, dicho de otro modo, no dar nada por entendido. La cuestión sería sostener siempre viva la pregunta: “entonces. ¿de qué se trata?, ¿de quién se trata?” Sostener esta cuestión es hacer un horizonte, una, otra vez, y otra. Galeano a su modo, Chilida, en otro, nos hablan del horizonte, lo sabéis, como algo tan necesario como imposible. Sin él no nos podemos situar. Esa pregunta es nuestro horizonte. A partir de ahí, del sostén de esta cuestión, se puede lograr propiciar algo de las condiciones de nuestra función creadora, pero incluso aunque aparentemente no se logre, ello contribuye activamente a esa investigación que proponemos.

Con el acontecimiento supuestamente esperado y logrado, pues muy bien, felicidades, ya está. Sin embargo, lo que no se logra, lo que aparentemente no funciona, es lo que nos lleva precisamente a señalarnos que ahí puede haber un campo de interrogación fecundo. Algo que todavía no se ha ollado o sencillamente no hemos conseguido ponerlo en forma para darle un lugar. Un campo de interrogación para poder entender de qué se trata.

Volvemos una y otra vez a ello, pero ¿a qué volvemos? Decía Edurne, el año pasado, creo, o hace dos años, no lo sé, hablabas de un niño que copiaba de otro y lo acogías así “bienvenida la copia en arteterapia, porque la copia no es posible”. Es verdad, no existe la copia, no existe más que un hacer que es siempre original para cada persona. Esa es a la cuestión que hay que volver. Y digo volver pues es notorio que siempre, en algún momento, se nos despista.

Nosotros hoy volvemos sobre esos fundamentos para corroborar y para desmentir. Volvemos para pensar los cuatro principios metodológicos que orientan la propuesta de la práctica: el sostén, el malentender, la escucha y el poetizar. Y veremos que sentido tiene que estos formen parte de nuestro quehacer. Los pensamos como referencias vivas, a veces demasiado vivas, pues no se dejan acabar de escribir. No se dejan (de)terminar con facilidad, pero pensarlo producirán textos que sé, iremos reescribiendo entre todas.

***

Nacemos a un mundo ocupado. Poblado de significaciones y de deseos. Significaciones que nos proponen (y nos imponen) una forma de estar en él. Deseos, de nuestros padres, deseos de nuestros abuelos que se transmiten en una precisa genealogía. Un mundo al cual nacemos pagando, por tanto, el precio de una alienación necesaria. Os recuerdo, ese no es un concepto peyorativo. Sino hubiéramos venido a este mundo de significaciones, a este mundo deseante, sea cual sea la forma del deseo, sencillamente no existiríamos. Si no hubiera habido otro -la madre, el padre-, no hubiéramos podido desarrollar todo ese proceso de humanización que conocemos bajo el mecanismo de la identificación. No podríamos nombrarnos a nosotros mismos tal como lo hacemos. Este es uno de los trabajos humanizantes primordiales; identificarnos más o menos masivamente a los progenitores, siguiendo luego en esa cadena posterior con los maestros, el grupo de amigos… identificaciones que poco a poco, en la medida que se van metabolizando, que no operan directamente como si fueran una mero como si, permiten ir diferenciando un pensamiento y un estar en el mundo con un trazo de mayor singularidad.

Al final, estamos en un mundo que nos ofrece un lugar con unas ciertas condiciones, ya que hemos de encontrar en él un lugar propio junto a la continuidad que nos ofrece. Un lugar con (contr)adicciones. Es por ello que nos propone también una articulación social.

Tenemos una familia, somos arteterapeutas o contables, somos de Buenos Aires o de Mallorca; de un club deportivo o de otro, votamos a determinados partidos…Todo eso nos da un lugar en el mundo, nos permite sostenernos en él, pero a veces hay un plus de imaginario en eso; en adoptar sin demasiado trabajo subjetivo las formas que el mundo nos ofrece; un modo de estar que nos desvitaliza. Vamos circulando por esos lugares que nos acogen, pero en ese circular por lugares más o menos predeterminados, vamos perdiendo una cierta vitalidad cuando algo de la originalidad decae.

Esa es una cuestión que la arteterapia toma en consideración porque lo que propone es justamente vivir la discontinuidad que propone lo original  dentro de esa continuidad de lo social / identitario. La discontinuidad que para el arteterapeuta implica escuchar y acoger el extrañamiento que propone lo singular de cada persona.

No digo eso para protestar contra esa continuidad o cuestionarla, sino justamente para proponer interlocutar con ella, para que podamos dialogar, para que la singularidad y la originalidad con la que la arteterapia trabaja pueda hacer sus aportes al mundo y a los referentes bajo los cuales vivimos. Discontinuidad dentro de la continuidad. Inscripción de la diferencia, del juego y de la poesía entre lo que existe y lo que vamos creando. Aportando a la vida lo que la arteterapia permite vivir.

Esa vivencia de la discontinuidad pasa necesariamente por desatraparnos de determinadas redes de significaciones por las cuales nos deslizamos de forma amaestrada. Desatraparnos de determinadas formas de relación y comunicación. Pasa por volver a abrir los ojos al mundo que ya existe, lo sabemos, pero para ser capaces de mirarlo desde otro lugar.

Y eso, ¿cómo lo propone la arteterapia? Por ejemplo, con un determinado quehacer con los materiales. No trata de usarlos de un modo predeterminado, por ejemplo: un papel sirve para pintar, para escribir, o como mucho sirve para hacer papiroflexia, una cierta escultura… Sin duda eso sirve respecto al uso de los materiales pero ¿qué seria relacionarnos con ellos? ¿relacionamos con el material como si fuera una tierra ignota? ¿cómo sería un encuentro que hay que producir en escucha de lo desconocido que propone un encuentro con el material? Sin duda puede aparecer un territorio virgen que va surgiendo por las relaciones sensibles que podemos reabrir con él.

Apenas nos relacionamos con las cualidades sensibles del material. Tal vez apenas nos relacionamos de forma sensible con nosotras mismas. Hacerlo propone (re)abrir algo en nosotras de ese mundo preexistente, cuajado de las heredadas significaciones que nos han dado cobijo.

¿Cómo reabrir todo eso? ¿Qué propuesta puede proponerlo? Se trata de una propuesta freudiana -de algún modo esto también lo decía Joyce-: otorgarles a las palabras -y a los materiales, la cualidad de lo no sabido, de lo no conocido, otorgarles la cualidad de la cosa, aquello que tiene existencia más allá de toda significación, en un lugar no recubierto por el lenguaje.

¿Cómo volver a reabrir e inaugurar esa relación con el mundo en nosotros? Al fin, Winnicott, cuando habla de la creación, lo nombra como lo creado / encontrado. Hace un deslizamiento aquí. Efectivamente, cuando dice creación, nombra que lo creado ya existía en el mundo, pero pasa una cosa preciosa y es que más allá de que eso existiera en él, hay un acto de hacerlo existir, hay un acto de crearlo, y ese punto, ese punto es absolutamente precioso.

Nuestra propuesta en el Seminario, más allá de la existencia de aquello que convocamos tratará de dar palpito en nosotros a ello, y cómo esto nos va a servir para integrar una forma de pensamiento y una propuesta de encuentro al otro, de manera que nos permita, al final, hacer del quehacer arte terapéutico una experiencia vital. Y eso es lo fundamental. Lo he dicho muchas veces, la arteterapia no cura la esquizofrenia, no cura la tetraplejia, no salva de la muerte cuando uno está al final de la existencia, pero nos puede hacer sentir vivos en cada uno de los momentos de nuestra vida. Un acto que nos lleva a estar en el mundo por nuestro propio pie.

A eso es lo que tiene que apuntar la arteterapia. Si eso produce efectos terapéuticos, efectos de inclusión crítica en lo social, efectos de desarrollo del potencial heredado, claro, seguramente eso se produce, pero lo importante tal vez no sean los efectos que se derivan del quehacer arteterapéutico, sino esa experiencia de sentirnos vivos, y sentirnos vivos y reales porque somos capaces de, aunque sea, de una manera muy concreta, crear el mundo donde nosotros existimos. Y eso es una experiencia rara, no la tenemos todos los días. No me parece que sea algo que podamos decir así: ‘mira, me ha pasado hoy unas cuantas veces’. Pero bueno, hay algo de ese orden de decir, me siento vivo porque hoy en mi quehacer con los materiales, en la experiencia poética, emocional vivida con ellos, soy capaz de crear el mundo donde habito. Ahí, en esta sesión.

Sí, sí. Bueno, yo creo que ese punto es importante, es ponerse en relación de alteridad, ¿no? Con el material, con el otro. Por eso digo, se trata de una propuesta, no se trata de usar, porque el uso más o menos está o predeterminado o predestinado. No se trata de usar, se trata de relacionarse. Eso también nos pasa con las relaciones humanas. Normalmente, sin ser demasiado conscientes o incluso sin quererlo, usamos de los demás. Los usamos en la medida en que le pedimos al otro que nos reconozca en nuestra forma de ser, que nos diga que sí, que es legítimo aquello que pedimos, aquellos que somos, y el modo en el que lo somos. En tanto tratamos de legitimar nuestra demanda.

Esa es una forma de uso para algo que hace alguna repetición en el sujeto. Claro, cuando nos ponemos verdaderamente en una relación, la relación implica -debería implicar como mínimo- la escucha del otro.  Implica malentender, implica no dar las cosas por comprendidas, implica la posibilidad de mirar -esto puede parecer un tanto excesivo- con ojos nuevos. Implica, sobre todo, a la posibilidad de que la percepción, y ahora sí que esto ya es un material más de trabajo para nosotras, que la percepción como digo, no esté sobredeterminada por el deseo, porque el deseo busca las trazas de la satisfacción en los otros, busca, y pone a la percepción a servirlo.

Nos vamos a encontrar con que existen ciertas cosas que nos interesarán, a las que estaremos abiertos perceptivamente, y otras que no nos interesarán, porque no tienen que ver con la forma de nuestro deseo, y pasaremos olímpicamente de ellas; pero claro, esto con el arteterapeutizando no lo podemos hacer. Porque lo que está en juego no se trata de nuestro deseo -o no en lugar preferente; se trata de poder atender a qué es importante para la persona con la que trabajamos, De entrada, aunque lo parezca, no podemos saber qué es importante para el otro. Si tal vez ni el otro lo sabe, mucho menos nosotros. Ello nos ha de situar en la posición de estar abiertos perceptivamente. La percepción no tiene que estar trazada de antemano por el deseo, tiene que ser algo abierto. Que los canales perceptivos no se obturen, que no estén preformados y que no se colapsen tampoco por el reconocimiento.

Esto es un desiderátum; es como un horizonte. Siempre hay un momento en que nos maravillamos, en el que nos fascinamos, pero ¿cómo hacerlo sin (con)fundirse con el otro? Velar con ello nos da otra forma del relato de nosotras mismas en nuestro hacer. Hay que dejar la percepción abierta como una forma justamente de relacionarse con la alteridad; entonces el arteterapeuta se relaciona con el otro a partir de la producción como forma, no necesariamente como significado; tratándola como una investigación sobre el otro que no estará inmediatamente expuesta a darle sentido. No leyendo, ‘ah, esto es esto, esto es lo otro, por supuesto, esto significa tal’. No, no es reconocer la forma. Es estar presente, abierto perceptivamente a la forma del otro; forma/producción que está íntimamente ligada a la propuesta del arteterapeutizante. Esa forma -su forma- de estar presente en la sesión como propuesta y como pregunta.

Es normal que la arteterapeuta vaya a la sesión con algo preparado. No es que eso sea inadecuado, no. No está mal porque le permite ir segura y tranquila a la sesión. Para que no se angustie, que no esté defendida ante lo que acontece, que no sepa qué hacer, y se monte una hoguera tremenda; pero en realidad la propuesta es la propuesta del otro, sus preocupaciones, sus deseos, su forma corporal, sus movimientos, respiración, silencios… Todo ello es su propuesta, que nosotros atendemos como la forma del otro. ¿Cómo viene la otra persona? ¿Cómo respira? ¿Cómo se mueve? ¿Mira, no mira? ¿Se sienta de lado, no se sienta? ¿Va tentativamente a buscar un material? ¿Vacila? Esa, de entrada, es su propuesta. Nosotros acogemos al otro en su forma y a partir de aquí empezamos un diálogo sutil, cuidadoso, con esa forma del otro.

Bueno, pero para eso hemos de hacer un ejercicio importante en nosotros, el de estar en disposición perceptiva abierta, de no obligar las cosas significándolas demasiado abruptamente, de no dejarnos obturar por nuestros sentimientos, por nuestro sentimentalismo. Lo que nosotros sentimos es legítimo, pero no hemos de perder de vista que lo que nosotros sentimos no es lo que siente el otro.

¿El arteterapeuta he de sentir entrega, amor, (con)pasión? No, no, solo estar en presencia en la sesión, en disposición para hacer esa investigación sobre la naturaleza creadora junto al arteterapeutizando. Sabemos que si uno se embarga de su propio sentimiento, la escucha del otro como tal, lo radicalmente otro del otro, desaparece.

Sofía– Pues yo me quedo con esto que decías de cuando hablamos de la utilización del material, de hacer con el material no un uso predeterminado o predestinado. Eso sería la no utilización del material en principio, pero ahora con un grupo de mujeres les he propuesto como material papel de fumar. Cada una tiene un librillo y están haciendo, bueno hay una de ellas que ha hecho, con unas hojitas así de papel de fumar, se ha hecho a ella, ha hecho al padre… porque al trabajar con algo tan pequeño se ha acordado de que ella le hacía trenzas en las piernas a su padre de pequeña en los pelitos de las piernas… Entonces bueno, el tamaño del material y cómo lo trabajaba, le ha hecho pensar a ella en esto y se ha puesto a ella en la piscina -que recordaba- en ese momento…

También debajo de esa piscina había una bolera y ella se acordaba del ruido de los bolos, entonces hoy ha estado haciendo los bolos. Intentaba ponerlos en pie, se le caían y hacía un gesto para hacer como la cabecita del bolo y decía en el cierre: “que sentía que estrangulaba al bolo”, que estrangulaba el material y claro me cuesta ver si está utilizando el material porque desde luego ese material, no estaba predestinado. No estaba predeterminado para acabar siendo los pelos en las piernas de un padre o los bolos, pero lo está utilizando para llevar acá o sea para acercarse a su deseo, para acercarse a algo. Entonces no sé, me es difícil entender esta línea divisoria.

Miquel – Sí, sí, es… Bueno, no sé si es esta una la línea divisoria o es una propuesta para pensar. Pero me parece muy atinente lo que traes. Hablaré más adelante del tema de la representación y miraremos su posible relación con el material, pero es cierto que la propuesta que tú haces del papel de fumar es importante para pensarla. Por mi parte yo siempre hago una propuesta a partir de un acto de escucha hacia el otro, pues pienso que toda propuesta sobre el material se ha de tratar casi como una investigación sobre el encuentro y sobre el sujeto creador. La escucha en nosotros no produce, de entrada, un conocimiento de aquello que pasa en la otra persona, pero puede tener la virtud en nosotros de producir algo nuevo que reabra el campo de la contingencia creadora en ese encuentro.

Partir de esa escucha como propuesta y permanecer en ella. No de hacerlo como algo reactivo -pasa algo y propongo de inmediato-, sino dejar que eso que acontece en el otro vaya haciendo un proceso, también en nosotras, de ello debe surgir la propuesta. O sea, va a ser muy importante, por lo tanto, como las propuestas como la del papel de fumar, tienen que ver con un diálogo. Un diálogo con nuestro propio sujeto creador y con el arteterapeutizante.

¿Se puede pensar a priori que existiría un determinado tipo de material que podría proporcionar a esa mujer o a esas mujeres, esa experiencia? ¿Se trata de un material o se trata de un acto que se produce en la arteterapeuta?  Tal vez sería algo que acontece entre la persona y el material facilitado por vosotras. Eso nos parece. Algo que surge como un acto en función de un diálogo, que es con la otra persona, pero que trata también de un diálogo con vuestro interlocutor, con vuestro sujeto creador. El material, cuando viene de vuestra parte, surge como propuesta a partir de la escucha del proceso que se está dando. No es lo mismo decirse: ‘traeré tal cosa para el otro día porque quiero investigar…’ -cosa que es, por otro lado legítima cuando forma parte del proceso que realizamos con el arteterapeutizando- , que a partir de determinadas percepciones, de determinado pensamiento inconsciente -que también existe-, proponer algo cuidadosamente para ver cómo puede ser acogido por el otro. Esa es la cualidad de la propuesta en diálogo. Propuesta surgida por habernos dejado impresionar por el otro, haber dialogado, más o menos con algo no tan conocido de nosotros mismos, etcétera. Por eso digo que, no pasarlo apriorísticamente por el razonamiento, propone otra cualidad al encuentro.

Es cierto también que hay personas en las que uno puede pensar, bueno, veo que está muy perdida, que si no le doy un soporte se va a angustiar, y le propongo un papel de fumar pequeño, tenue, donde ella va a tener que, pues no sé, propiciar otro encuentro sensible con ese material si quiere usarlo de algún modo y así seguir, proponiendo en escucha.

Nuestra propuesta se dispone en función de ver el modo en el que sostenemos a la otra persona, ¿no? Como pensamos que aquello que proponemos la puede sostener en su quehacer, en la posibilidad de que se libre a su propia investigación creadora. Claro. Esa es una cuestión importante. La otra, aunque relacionada con la anterior y que también os quiero proponer a lo largo de este seminario, son las cuestiones referidas a los recuerdos, a toda esa narrativa que se desencadena en la evocación, que forma parte de la narrativa construida sobre la propia vida y que -lo digo sin haberlo reflexionado demasiado- se usan como algo proyectivo sobre en el material. Algo proyectivo que no lo da solo el material, sino la evocación que surge de la propia acción sobre el material. La plastilina, por ejemplo, no tendría de entrada que convocar nada, pero algo del hacer, de la manipulación del material lo produce. Es esa cuestión sensible la que a lo mejor tiene que ver con el juego de tu paciente Sofía, de darle la vuelta a “la cabeza” y el juego que hacía con las trenzas, vete a saber a nivel corporal, cómo se juega en esa mujer. Eso no, no lo sabemos, pero puede ser que haya un hilo, un hilo conductor en estas cosas.

Ahora bien, ¿se trata de eso?, ¿de representar y de convocar esas emociones? Pues, ¿por qué no? ¿O se trata de hacer sin representar? hacer, hacer, hacer, hacer, sin que haya excesiva interpretación imaginaria sobre la representación. Ello, por supuesto, está en manos de la persona, le pertenece a ella, pero yo os propongo esta interrogación como profesionales. No digo que no se trate de representar. Representar / evocar las representaciones de la piscina, de la bolera, puede ser algo que abra y cierre, que seleccione un determinado pensamiento en detrimento de otros -no nos hemos de poner demasiado rígidos en eso-, porque las cosas siempre abren y cierran, siempre, el mismo soporte, la misma representación siempre abre y cierra, ¿no? Debemos ser conscientes de ello. Entonces hay que ver qué pasa con eso, ya que hablamos de abrir determinadas vivencias emocionales y si, se trata también de eso, de ofrecer la posibilidad de acceder a determinadas vivencias emocionales que hubieran podido quedar obscurecidas.

¿Por qué? ¿Porque eso serviría para elaborar determinadas cosas que no se pudieron abordar en la vida?, puede ser, pero esa es una línea y la otra es que solo el hecho del hacer haciendo le puede dar esa sensación de estar comprometida consigo misma en un acto vital. Un poco más libre que todo aco de significación encadena.

No digo que se trate de una cosa o de otra, pero me parece que es importante tener también presente esta segunda cuestión de algo que no se cierra al asociarlo con una representación en un determinado sentimiento etc.

(sigue la sesión del Seminario)

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