Psicoterapia

La psicoterapia psicoanalítica atiende a la persona acogiéndola en su sufrimiento, en su malestar, ofreciéndole la esperanza de comprender aquello que fundamenta su desasosiego. No trata de reeducarla ni de decirle en que debe cambiar. Más bien la sostiene en el trabajo de pensar por sí misma aquello que la aqueja. Fruto de ello vendrá la capacidad de poder elegir una forma de ser y estar en el mundo que sea reconocida como propia y que, al mismo tiempo, la distancie de sus dificultades.

La psicoterapia es la oportunidad de comprender como algo de lo que somos y hacemos en nuestra vida forma parte de aquello que, a la vez, nos la vuelve problemática. Poder sostener un proceso psicoterapéutico es una ocasión adecuada para tomar las riendas de nuestra existencia.En buena ley, cuando buscamos que nuestra vida cambie, no podemos pretender cambiar ni a nuestro entorno ni a los otros que lo comparten. En realidad, los cambios se producen por la comprensión que logramos de aquello que somos y hacemos. Una comprensión acerca de aquello de nosotros mismos que se nos impone, desquiciándonos, y sin embargo no logramos entender el porqué. Se trata entonces de darnos una nueva forma de pensar nuestros problemas con el fin de liberarnos de su carga inconsciente, dentro del marco de una relación profesional con el psicoterapeuta. Convirtiendo así el malestar en algo consciente con el que podamos dialogar.

La psicoterapia, entendida de este modo, trata el sufrimiento y los síntomas como si de una voz, a la vez familiar y desconocida se tratase. Una voz que nos podría permitir entender nuestro sufrimiento, pero de la cual hemos perdido su código y por ello la capacidad de comprender de que nos habla, de que trata aquello que intenta hacernos oír.

No se trata de una tarea sencilla ya que los frutos se obtienen a partir de un trabajo contra las propias dificultades que, paradójicamente nos hacen tanto daño como falta para sostenernos en nuestra existencia. Por ello es importante poder acudir a un profesional que pueda acogernos, sintiéndonos escuchados y reconocidos, tanto en nuestro deseo de cambio como en nuestras fragilidades. Partiendo de la demanda de ayuda del paciente, el psicoterapeuta le apoyará, de forma cuidadosa y prudente en ese deseo de saber en la medida en que pueda ir sosteniéndolo e integrándolo.El psicoterapeuta funda su oficio y su saber en el reconocimiento del funcionamiento del deseo inconsciente. Un saber que orientará al paciente en la escucha de su malestar, como si de un extranjero en él se tratara, que no puede reconocerse de entrada como propio y que pugna por ser entregado al otro.

Dos posibles destinos le corresponden al sufrimiento, o bien su entrega a las personas que le rodean en la demanda de un mero acto de reconocimiento de su dolor o a un acto de creación sublimada, capaz de modificar la raíz de su sufrimiento, en la relación que irá desarrollando con el psicoterapeuta.

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