“La memoria cree antes de que el conocimiento recuerde. Cree mucho antes de recordar, mucho antes de que el conocimiento se interrogue”

Del libro “Luz de agosto” de W. Faulkner

¿Puede existir una memoria que no contenga la narrativa de un deseo? ¿Puede ese deseo materializarse, aún en la voz, la escritura, la pintura, la producción de imágenes, sin un cuerpo que le haya dado cobijo, escenificándolo, poniéndolo en el vórtice del drama de nuestra existencia?
El deseo se deposita, con signos ciegos, en nuestro cuerpo, proponiéndose como puente de un cuerpo a otro, de un ser humano a otro para enlazarnos en un vasto mar donde cada uno cree alcanzar un destino propio.

El deseo insiste. En el psiquismo, substrato en el que nace, se enraíza y aún constituye, surgen sus portavoces: los sueños, el acto poético, los síntomas. La búsqueda de representaciones al fin que le permitan, casi como si de una invocación se tratara, hacerse representable. Pero no lo hace para ser descifrado. Más bien para seguir con su mascarada. Insiste apoderándose de los pecios de los naufragios de nuestra razón para convocarnos a un acto del que, las más de las veces, somos meros actores que interpretan un guion ya escrito de antemano. La conciencia, la memoria y aún la imaginación obedecen a ese llamado. Así lo vivido se traslada de un cuerpo a otro, de un sueño a otro sueño para vivir esa experiencia colectiva a la que llamamos humanidad.

EL DESEO, PUNTO DE ENCUENTRO ENTRE LAS ARTES Y EL PSICOANÁLISIS

Seminario online Sesión inaugural Fecha: 7 de octubre de 2022